MotoGP, el laboratorio del dato: telemetría, sensores y Big Data

Conoce cómo los datos en tiempo real ayudan a mejorar el rendimiento de pilotos y equipos en MotoGP. 🏍️

En MotoGP, cada milésima cuenta. Por eso, detrás de cada adelantamiento, cada frenada y cada ajuste de la moto hay una enorme cantidad de datos que los equipos analizan en tiempo real. Sensores, telemetría y modelos predictivos permiten entender el comportamiento de la máquina, anticipar el desgaste de los neumáticos, optimizar la estrategia de carrera y ayudar al piloto a tomar mejores decisiones sobre la pista.

Este mismo recorrido, desde la captura del dato hasta su aplicación práctica en entornos de alta exigencia, es el que trabaja nuestro Máster en Data Science y Big Data.

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Para entender mejor esa relación entre dato, rendimiento y toma de decisiones, basta con observar qué ocurre durante una vuelta. Lo que para los espectadores es una curva tomada a gran velocidad, para los ingenieros es una secuencia de variables medibles como la presión del freno, los grados de inclinación de la moto, la velocidad, la apertura del acelerador, la temperatura de los neumáticos o el comportamiento de la suspensión. Todas estas variables se recogen y transmiten gracias al sistema de telemetría, y su verdadero valor reside en que generan un flujo constante de información mientras la moto está rodando en pista. Eso permite interpretar lo que está ocurriendo en tiempo real y reaccionar cuando la carrera todavía se está decidiendo.

Sensores, el cuerpo digital de la moto

A través de sensores cada comportamiento físico de la moto se traduce en datos digitales. Una moto de MotoGP puede llevar más de 50 sensores repartidos por toda su estructura. Los equipos colocan sensores en las suspensiones, en el freno, en la centralita del motor o incluso en los neumáticos para conseguir una imagen extremadamente precisa de lo que ocurre en la pista. 

Además de ayudar a mejorar el rendimiento, estos sensores aumentan la seguridad por su capacidad para detectar anomalías en tiempo real, como sobrecalentamiento del motor o pérdida de tracción, lo que permite prevenir fallos mecánicos o caídas

Millones de datos para ganar décimas

La relevancia de los sensores se encuentra en lo que pasa después, es decir, el Big Data. Cada vuelta genera miles e incluso millones de puntos de información que son almacenados y comparados con datos históricos de otras carreras, otros circuitos y otras condiciones meteorológicas.

Aquí entra en juego la capacidad de los equipos para transformar datos en decisiones. A través de modelos predictivos analizan el rendimiento midiendo factores como la temperatura del asfalto o la dirección del viento para anticipar aspectos como el desgaste de los neumáticos o el comportamiento de la moto en función del circuito, lo que lo convierte en una gran ventaja competitiva para los equipos. 

En este sentido, Ducati es probablemente uno de los mejores ejemplos en la actualidad, ya que su alianza con Lenovo ha llevado el análisis de datos a otro nivel mediante sistemas de computación avanzada. Los ingenieros pueden trabajar desde centros de análisis fuera del circuito llamados “remote garages” y estudiar enormes cantidades de información mientras la moto sigue rodando en pista.

Interpretación de datos en el box

Toda la información que recogen los sensores y la telemetría no tiene valor si no se interpreta correctamente en el box. Aquí es donde entra en juego una de las partes más importantes del trabajo en MotoGP: la comunicación entre piloto e ingenieros durante y entre sesiones.

Después de cada tanda de vueltas, los equipos comparan los datos en tiempo real. En las pantallas del box se superponen diferentes vueltas: la del piloto, la del compañero de equipo o la llamada “vuelta ideal”, que se construye combinando los mejores sectores registrados. A partir de ahí, los ingenieros analizan en qué puntos concretos se pierde o se gana tiempo.

No se trata solo de ver si un piloto va más rápido o más lento, sino de entender el motivo exacto. Puede ser una frenada ligeramente más larga, una trazada menos agresiva o una mala gestión del gas a la salida de una curva. En muchos casos, la diferencia entre dos pilotos del mismo equipo no es de talento bruto, sino de milésimas en la ejecución de cada acción.

En este proceso, el piloto también tiene un papel activo. Lejos de ser un mero receptor de órdenes, interpreta los datos junto al ingeniero jefe y traduce esa información en sensaciones sobre la moto. Es un diálogo constante entre lo que “dice” la moto en los datos y lo que “siente” el piloto en pista.

Electrónica y control de tracción

Más allá del análisis de datos, una parte fundamental del rendimiento en MotoGP está en la electrónica que actúa directamente sobre la moto mientras está en pista.

Uno de los sistemas más importantes es el control de tracción. Su función es evitar que la rueda trasera pierda adherencia al acelerar. Para ello, la centralita compara constantemente la velocidad de ambas ruedas y ajusta la entrega de potencia en cuestión de milisegundos. Esto permite que los pilotos aceleren antes y con mayor agresividad a la salida de las curvas sin perder el control de la moto.

A esto se suman otros sistemas como el antiwheelie, que evita que la rueda delantera se levante en aceleraciones fuertes, o los distintos mapas de motor, que modifican la respuesta del acelerador en función del circuito, las condiciones de agarre o la estrategia de carrera.

Toda esta electrónica está directamente conectada con los sensores y la telemetría. Es decir, no solo registra lo que ocurre, sino que también actúa en tiempo real sobre el comportamiento de la moto. Esto crea una especie de sistema de retroalimentación continua entre máquina y datos.

Sin embargo, este nivel de control también ha cambiado la forma de pilotar. Los pilotos ya no solo gestionan la potencia con el puño del acelerador, sino que aprenden a “dialogar” con la electrónica, entendiendo cómo reacciona la moto en cada configuración. El estilo de pilotaje se adapta al software tanto como a la mecánica.

Futuro de MotoGP: hacia una competición aún más inteligente

El futuro de MotoGP apunta hacia una integración todavía mayor entre tecnología, datos y rendimiento humano

Uno de los grandes cambios que ya se está empezando a ver es la evolución de la inteligencia artificial dentro de los equipos. Los sistemas actuales empiezan a simular escenarios futuros: qué pasará con los neumáticos en las últimas vueltas, cómo afectará un cambio de temperatura o cuál es la estrategia óptima según el ritmo de carrera.

Al mismo tiempo, la telemetría está evolucionando hacia sistemas más completos que no solo analizan la moto, sino también al piloto. Se está investigando la incorporación de sensores biométricos capaces de medir fatiga, nivel de estrés o concentración durante la carrera, lo que abriría una nueva dimensión en la interpretación del rendimiento.

También se espera que la simulación juegue un papel aún más importante. Los equipos ya trabajan con gemelos digitales de circuitos y condiciones de carrera, en los que se puedan probar estrategias completas antes de llegar al circuito.

En este momento la gran pregunta es hasta qué punto MotoGP puede seguir aumentando su nivel de sofisticación sin perder su esencia. Porque, aunque los datos sean cada vez más importantes, la competición sigue decidiéndose en pista, en el momento en el que el piloto se enfrenta a la frenada, al riesgo y a la incertidumbre real.

En ese equilibrio entre precisión tecnológica y talento humano es donde MotoGP parece querer situarse en el futuro y convertirse en un deporte cada vez más inteligente, pero todavía profundamente humano en su resultado final.

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