Cómo invertir en Bolsa usando Inteligencia Artificial
Este año, el Premio Nobel de Química ha sido concedido recientemente a un grupo de científicos que han aprovechado el poder de la inteligencia artificial para desentrañar uno de los enigmas más profundos de la biología molecular: “descifrar el código” de prácticamente todas las proteínas conocidas, las cuales son comúnmente referidas como las “herramientas químicas de la vida”. Este logro representa un avance enorme en nuestra comprensión de los procesos biológicos fundamentales.
Los distinguidos con este galardón, John Jumper y Demis Hassabis, ambos de Google DeepMind en Londres, junto con David Baker de la Universidad de Washington en Seattle, han sido homenajeados por su innovador trabajo en el desarrollo de AlphaFold. Esta es una sofisticada herramienta de inteligencia artificial que puede predecir con notable precisión las estructuras de las proteínas. El entendimiento de estas estructuras es crucial, ya que la forma tridimensional de una proteína determina su función dentro del organismo humano. Este conocimiento tiene el potencial de transformar radicalmente el desarrollo de nuevos medicamentos y tratamientos para una variedad de enfermedades.
El reconocimiento del Nobel pone de relieve la importancia de la sinergia entre la inteligencia artificial y las ciencias naturales. Este avance promete cambiar profundamente nuestro acercamiento a la biomedicina y la biotecnología, ofreciendo nuevas perspectivas para el futuro.
El comité del Premio Nobel ha señalado que el reconocimiento de este año se dividió en dos “mitades”. La primera parte fue otorgada a Demis Hassabis, un informático británico cofundador del laboratorio de investigación de inteligencia artificial Google DeepMind, y a Jumper, un investigador estadounidense que también forma parte de Google DeepMind.
Hassabis y Jumper estaban integrados en un equipo de Google DeepMind, el laboratorio principal de inteligencia artificial de la empresa. Esta avanzada tecnología de IA tiene la capacidad de predecir de manera rápida y confiable la forma física de proteínas y enzimas. Así como los componentes microscópicos que impulsan el comportamiento de virus, bacterias, el cuerpo humano y todos los seres vivos.
Los dos fueron galardonados la semana pasada por su trabajo en el uso de la IA para predecir la estructura tridimensional de una proteína basándose en su secuencia de aminoácidos, logrando prever la estructura de casi los 200 millones de proteínas conocidas.
El proyecto de Hassabis y Jumper se fundamenta en las redes neuronales artificiales, cuyo desarrollo también fue reconocido recientemente con el Premio Nobel de Física. Antes de centrar su atención en las proteínas, trabajaron en un programa informático capaz de competir con los mejores jugadores del mundo del antiguo juego de mesa chino Go.
Su programa de IA, conocido como AlphaFold Protein Structure Database, ha sido utilizado por al menos dos millones de investigadores en todo el mundo. Funciona como un “buscador Google” de estructuras proteicas. Proporciona acceso instantáneo a modelos predichos de proteínas y acelerando el progreso en biología fundamental y otros campos relacionados.
AlphaFold representa un hito en la aplicación de la IA al ámbito científico. Demuestra cómo las tecnologías avanzadas pueden acelerar el ritmo de los descubrimientos. Esta herramienta abre nuevas vías para explorar el funcionamiento de la vida a nivel molecular.
La segunda parte del premio fue otorgada a David Baker, un bioquímico estadounidense y profesor de la Universidad de Washington, por su uso de métodos computacionales para diseñar proteínas que no existían previamente, con funciones completamente nuevas.
Cuando el equipo de Google presentó esta tecnología en 2020, muchos científicos pensaron que un avance de tal magnitud aún estaba a años de distancia. Durante más de 50 años, los científicos habían luchado por resolver lo que se conocía como “el problema del plegamiento de proteínas”.
Los bioquímicos han empleado esta tecnología para acelerar el descubrimiento de medicamentos. También podría dar lugar a nuevas herramientas biológicas, como enzimas que descompongan de manera eficaz las botellas de plástico, transformándolas en materiales fácilmente reutilizables y reciclables.
Las proteínas son cadenas de moléculas de aminoácidos, los componentes esenciales de la vida. Ayudan a formar las células del cabello, la piel y los tejidos; leen, copian y reparan el ADN; y facilitan el transporte de oxígeno en la sangre. Comienzan como cadenas de compuestos químicos antes de retorcerse y plegarse en formas tridimensionales que determinan sus capacidades y funciones. Antes de la llegada de AlphaFold, los científicos dedicaban meses o incluso décadas a intentar descifrar la forma exacta de cada proteína.
Aunque se construyen a partir de solo unos 20 aminoácidos, estos pueden combinarse de maneras casi infinitas, plegándose en patrones sumamente complejos en el espacio tridimensional.
En la mayoría de las enfermedades, las proteínas desempeñan un papel crucial. Son responsables de ejecutar las funciones dictadas por los genes, lo cual requiere que se plieguen en complejas estructuras tridimensionales, como si se tratara de intricadas creaciones de origami.
La correcta configuración de estas proteínas es esencial para que los medicamentos puedan actuar sobre ellas, al igual que las llaves que abren cerraduras. Anteriormente, la dificultad de descifrar estas estructuras significaba que los investigadores dedicaran años o incluso toda una tesis doctoral a estudiar una sola proteína.
Este avance abre la puerta a identificar las mejores dianas terapéuticas, simular la efectividad de medicamentos sin necesidad de ensayos con animales, y prever efectos sobre células y tejidos antes de llevar a cabo pruebas clínicas.
Además, esta tecnología tiene el potencial de transformar la medicina personalizada al ajustar tratamientos en función de las estructuras moleculares únicas de cada paciente. También facilita el diseño de nuevas terapias basadas en la ingeniería de proteínas y el descubrimiento de moléculas terapéuticas de manera más rápida y precisa. Este hecho podría revolucionar la lucha contra enfermedades complejas como el cáncer o las enfermedades neurodegenerativas.
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