Así puedes aplicar el Smart Solutions en tu empresa
El número de dispositivos conectados en el mundo va en aumento cada día y ya sólo este año se prevé que se supere la barrera de los 19.000 millones. Están presentes en nuestro coche, que cada vez se parece más a un móvil, en el hogar o en cualquier rincón de la ciudad. El Internet of Things o Internet de las cosas es una tecnología que ha llegado para quedarse.
El IoT reporta grandes beneficios en la sociedad, pero también plantea ciertas incertidumbres en cuanto a la privacidad de datos personales. Cada vez estamos más expuestos a que personas desconocidas puedan acceder a ellos y que, incluso, puedan llegar a aprovecharlos para cometer un delito. Especialmente nos sentimos más vulnerables cuando realizamos transacciones online.
En este sentido, El Internet de las Cosas (IoT) y las criptomonedas están convergiendo en varios ámbitos, y se están explorando diversas aplicaciones y posibilidades. La intersección entre el IoT y las criptomonedas está en constante evolución. Se están explorando nuevas formas de aprovechar esta combinación para mejorar la eficiencia, seguridad y transparencia en diversos sectores.
IOTA ha sido desarrollada como una solución que promete revolucionar el Internet de las Cosas (IoT) y las identidades digitales. Para entender cómo funciona, podríamos compararlo con una comunidad de vecinos donde estos intercambian favores sin necesidad de utilizar dinero.
Popularmente, la tecnología IOTA es conocida como la criptomoneda de Internet de las Cosas. Es un proyecto de una plataforma de facturación de código abierto, parcialmente descentralizada basada en la arquitectura DAG, creado para satisfacer las necesidades futuras del llamado Internet de las Cosas (Internet of Things).
Se base en la tecnología DLT (Tecnología de Ledger Distribuido) completamente distinta en su estructura que pretende resolver el denominado Trilema de Escalabilidad, conectando a millones de personas y máquinas a través de un protocolo sin fees, seguro y descentralizado.
IOTA se podría acuñar como la tercera generación de Blockchain. La primera llegó en 2008 con el lanzamiento de Bitcoin, cuyos principales problemas fueron la escalabilidad y los costos por transacción. La segunda generación tuvo lugar en 2015 con la llegada de Ethereum, que en cierta medida heredó los mismos problemas que la generación anterior.
A diferencia de las generaciones previas de Blockchain, IOTA no corre sobre una Blockchain como Bitcoin o Ethereum. Utiliza un algoritmo llamado DAG: Grafo Acíclico Dirigido y su red es llamada Tangle. En la Tangle de IOTA las transacciones son escalables porque no funcionan en bloques secuenciales que tienen que ser aprobados por mineros, sino que funciona conectando transacciones entre sí. Cada usuario en la red funciona como un “minero” ya que para realizar una transacción, este tiene que validar 2 transacciones que hayan ocurrido previamente en la red. Esto hace que a mayor cantidad de transacciones que tengan lugar en la red, más rápido son procesadas.
La Fundación IOTA se estableció en 2017 como la principal organización detrás de esta tecnología blockchain, impulsando el desarrollo del protocolo central y fomentando y acelerando su adopción. La Fundación se convirtió rápidamente en un agregador de personas con ideas afines. Todos impulsados por el objetivo compartido de traducir una visión audaz en una utilidad procesable y proporcionar estabilidad y dirección en un entorno tecnológico inmaduro.
Entre los principales retos y desafíos en el despliegue de la tecnología IOTA se encuentra la necesidad de formación: tanto usuarios como desarrolladores deben aprender a utilizar y a hacer avanzar IOTA y es necesario que empresas y organismos sean conscientes de los beneficios que reporta, sobre todo si ya utilizan otras tecnologías de registro distribuido en sus procesos.
Otro de los desafíos de IOTA es la infraestructura, ya que implementar y mantener nodos de IOTA supone una inversión en hardware adecuado e infraestructura de red para garantizar un rendimiento óptimo. Para ello, se debe realizar una buena gestión de los recursos como son el ancho de banda o el almacenamiento de los datos en función de cada caso uso.
En relación a sus aplicaciones prácticas, la tecnología IOTA se puede extender a sectores diversos como la salud o la logística. Para el caso concreto del sector salud, IOTA puede mejorar la gestión de los datos de pacientes permitiendo el almacenamiento seguro y descentralizado de los datos o permitiría el monitoreo de pacientes de forma remota a partir de dispositivos de salud conectados, entre otras aplicaciones.
Hasta la fecha, ya se han acometido inversiones en I+D relacionadas con IOTA, cuyo incremento es previsible en los próximos años debido a una demanda creciente de la tecnología. Además, también se está avanzando mucho en lo relativo a la oferta formativa sobre la materia. Es cada vez más habitual asistir a eventos educativos o de capacitación para empresarios y desarrolladores que buscan aumentar su comprensión y habilidades tecnológicas.
Es necesario un convencimiento en su uso y no simplemente solo porque se trate de un requerimiento legal o para conseguir algún tipo de sello de calidad o certificación europea. Otros lo adoptarán porque, de aquí en adelante, se espera que las contrataciones públicas incluyan una cierta preferencia a financiar proyectos que lo incorporen o potencien.
La Comisión Europea ha establecido que para el año 2026, todos los estados miembros deberán ofrecer al menos una versión de la Cartera de Identidad Digital Europea (EUDI) a todos los ciudadanos, residentes y empresas. Esta iniciativa forma parte del Reglamento de Identidad Digital Europea, que entró en vigor el 20 de mayo de 2024.
En nuestro país, todavía queda mucho camino por recorrer para el despegue y consolidación de esta tecnología y en ese objetivo resulta vital que se refuerce la colaboración entre el gobierno, la industria y la educación.
Si te ha resultado interesante el artículo, nuestro Máster en Smart Solutions profundiza más en estos temas y tener una visión 360 grados de las soluciones asociadas al Internet of Things. Además, se introducen nociones de ciberseguridad y blockchain.