Influencers Virtuales y el Valle Inquietante: El efecto de la imperfección humana

¿Por qué los Influencers Virtuales nos desconciertan? El Valle Inquietante y el encanto de ser imperfectos. ¡Te lo contamos aquí!

Los Influencers Virtuales se han convertido en rostros conocidos que interactúan con millones de personas a diario en redes sociales. Sin embargo, a pesar de su popularidad, existe un fenómeno psicológico que genera una cierta incomodidad cuando los vemos en acción: el valle inquietante.

Este término, introducido en 1970 por el robotista japonés Masahiro Mori, describe la sensación de rechazo o incomodidad que sentimos cuando nos enfrentamos a robots o personajes virtuales que se asemejan mucho a los humanos, pero no lo suficiente como para parecer completamente naturales. El problema con los influencers virtuales es que, aunque se ven sorprendentemente reales, siempre hay algo que “no cuadra” del todo. Ese pequeño desajuste activa una respuesta instintiva de desconfianza o rechazo en el espectador.

¿Por qué sentimos incomodidad ante lo casi humano?

El valle inquietante se basa en la paradoja de que cuanto más humano parece un robot o personaje virtual, más fácil nos resulta empatizar con él. Sin embargo, cuando esa semejanza es casi perfecta, pero no lo suficiente, algo se rompe. Nuestra mente detecta que hay una falla, algo que no encaja en su totalidad, y eso nos genera rechazo.

El cerebro humano está entrenado para captar las sutiles señales sociales, como las expresiones faciales y los movimientos corporales. Si un robot o avatar virtual se aproxima a estas características, pero no logra reproducirlas de forma natural, nuestra respuesta emocional se vuelve negativa. Un simple movimiento ligeramente torpe o una mirada que parece vacía es suficiente para que el observador se sienta incómodo.

Esto es algo que ocurre con los influencers virtuales. Aunque algunos, como Lil Miquela o Shudu, son increíblemente realistas, sus interacciones o gestos pueden ser percibidos como “extraños”. Nos encontramos mirándolos con asombro, pero también con cierta duda, ya que a veces parecen humanos, y otras veces no.

El impacto del Valle Inquietante en los Influencers Virtuales

Los influencers virtuales han sido creados con la intención de parecer casi indistinguibles de los humanos reales. Muchos tienen rostros perfectos, una piel sin imperfecciones y una estética de moda cuidadosamente diseñada. Sin embargo, la perfección digital también tiene un coste: el efecto de la imperfección humana. Esta perfección casi sobrehumana es lo que genera desconfianza.

Uno de los ejemplos más claros es el de Lil Miquela, un personaje virtual que ha colaborado con marcas de renombre y que, a primera vista, parece una joven influencer más. Pero cuanto más tiempo pasas observándola, más te das cuenta de que algo no cuadra del todo. Su piel, demasiado lisa, y su mirada, a veces inexpresiva, nos recuerdan que estamos ante una creación artificial, lo que puede generar rechazo.

Esta sensación de extrañeza no solo es visual. También puede estar presente en la forma en que los influencers virtuales “hablan” o se comportan. Aunque sus diálogos están cuidadosamente guionados para sonar naturales, los usuarios perciben que algo falta, ya que no existe el nivel de espontaneidad o emocionalidad que tendría una persona real. Esto puede llevar a que algunos espectadores se sientan incómodos al interactuar con ellos, o incluso que pierdan interés rápidamente.

Cómo afecta este fenómeno a las marcas

El valle inquietante no solo afecta a los espectadores, sino que también tiene implicaciones para las marcas que utilizan influencers virtuales en sus campañas. Mientras que las colaboraciones con personajes digitales pueden ser innovadoras y generar atención mediática, existe el riesgo de que los consumidores sientan desconfianza hacia estas figuras.

Cuando el público detecta que algo no es del todo auténtico, pueden surgir sentimientos de rechazo no solo hacia el influencer virtual, sino también hacia la marca que lo respalda. En lugar de generar una conexión genuina, la campaña publicitaria puede tener el efecto contrario: alienar a la audiencia.

Además, esta sensación de “extrañeza” puede llevar a que los usuarios no se sientan completamente identificados con el personaje, lo que reduce el impacto emocional que una colaboración con un influencer humano podría tener. La confianza y la conexión emocional son clave en el marketing digital, y el valle inquietante representa un desafío para las marcas que buscan aprovechar la novedad de los influencers virtuales.

Marcas que utilizan Influencers Virtuales para sus campañas

Los influencers virtuales no solo están presentes en el entretenimiento, sino que han sido adoptados por marcas de renombre como parte de sus estrategias de marketing. Estos personajes digitales ofrecen una ventaja única: no envejecen, no tienen problemas de imagen pública, y su apariencia y personalidad se pueden adaptar para cumplir con las expectativas de la marca.

Lil Miquela (Miquela Sousa)

Creada por la empresa de tecnología Brud, Lil Miquela es una de las influencers virtuales más conocidas. Ha trabajado con marcas de lujo como Prada, Calvin Klein y Chanel, participando en campañas publicitarias y eventos virtuales. En 2019, su colaboración con Calvin Klein en un vídeo en el que aparecía besando a la modelo Bella Hadid causó controversia. Aunque la campaña buscaba desafiar las percepciones sobre la realidad y la virtualidad, también provocó incomodidad por la interacción entre lo artificial y lo humano.

@lilmiquela What’s Polar Express? #ReplyToComments #NopeYup #CheckYourVibe ♬ Choices (Yup) – Lil Skeet

Shudu Gram

Desarrollada por el fotógrafo británico Cameron-James Wilson, Shudu es considerada la primera supermodelo digital. Su apariencia impresionante ha captado la atención de marcas como Balmain y Fenty Beauty. Shudu ha sido utilizada para representar una estética de lujo y belleza, aunque algunas críticas han surgido sobre el hecho de que un creador blanco esté detrás de una figura negra virtual, lo que añade un matiz adicional a la percepción de autenticidad y el valle inquietante.

 

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Imma

Esta influencer virtual japonesa, creada por la agencia CG ModelingCafe, ha colaborado con marcas de moda como Burberry, Puma, e IKEA. Imma representa el ideal de la cultura Kawaii japonesa, con su estilo vibrante y juvenil. Su participación en eventos de moda y proyectos de diseño ha sido aclamada por su innovación, pero también ha generado el mismo tipo de reacción que otras figuras virtuales: el equilibrio entre la admiración y la sensación de que algo no termina de ser real.

 

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Noonoouri

Esta influencer de origen alemán es otra de las grandes estrellas virtuales del mundo de la moda. Con una estética más caricaturesca y de ojos grandes, ha trabajado con marcas de lujo como Dior, Valentino, y Versace. Aunque su apariencia es deliberadamente no humana, lo que en cierta forma evita el efecto del valle inquietante, sigue generando una reacción ambivalente en algunos usuarios por la falta de espontaneidad en sus publicaciones.

@realnoonoouri game-changing collaboration. @barbie x #noonoouri 💞 #MattelCreations #noonoouri #barbie #ReleaseMe ♬ original sound – noonoouri

¿Hay solución al Valle Inquietante?

Superar el valle inquietante no es fácil. Requiere de una combinación de avances en animación, inteligencia artificial y comprensión de la psicología humana. A medida que la tecnología mejora, los personajes virtuales se volverán cada vez más realistas, lo que reducirá el “choque” que sentimos al interactuar con ellos.

Sin embargo, hay quienes sostienen que en lugar de intentar hacer que los influencers virtuales parezcan completamente humanos, podría ser más efectivo abrazar su artificialidad. Al aceptar que son personajes digitales, las marcas podrían centrarse en otras cualidades, como la creatividad, la singularidad o la fantasía, en lugar de intentar replicar la realidad. De esta manera, se podría evitar el valle inquietante y crear una nueva categoría de influencers que sean apreciados precisamente por lo que son: figuras artificiales.

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